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Lunes, 27 Marzo 2017 05:45

Comunicado de la Dimensión Episcopal para la Vida

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Este comunicado está dirigido a todos los Señores Arzobispos y Obispos de México, a todos los sacerdotes, a todos los religiosos y religiosas, a todos los padres de familia y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Queridos hermanos y hermanas: Al celebrar la fiesta de la Anunciación del Señor, en la que miramos la voluntad de Dios de asumir y compartir nuestra naturaleza humana, en todo menos en el pecado. Recordemos que en todas las Diócesis de México celebramos el Día de la Vida.

Esta celebración de la Encarnación nos ayuda a mantener viva la conciencia de que somos hijos y, como nos enseña el Papa Francisco en Amoris Laetitia: “…esto nos reconduce al hecho de que la vida no nos la hemos dado a nosotros mismos sino que la hemos recibido. El gran don de la vida es el primer regalo que nos ha sido dado” (AL 188). Afirmamos que desde la fecundación se inicia una nueva vida que no es la del padre ni de la madre, sino la de un nuevo ser humano que se desarrolla por sí mismo (Cfr. EV 60) y que estamos llamados a proteger, cuidar y preservar. Nadie puede violar la integridad de otro ser humano: ni por fines de investigación, ni porque sea anciano o nonato, minusválido o enfermo o demente o migrante. ¡Cuidemos el don de la Vida! Es muy cierto que encontramos hoy día -en nuestro México­- un sinnúmero de presupuestos que menoscaban la vida familiar. Ya nuestros hermanos Obispos de América Latina, reunidos en Aparecida, lo advertían: “…estos presupuestos han provocado modificaciones legales que hieren gravemente la dignidad del matrimonio, el respeto al derecho a la vida y la identidad de la familia” (DA 40). Se va implantando la ideología del cuidado de los animales como una responsabilidad y el de poder dar la muerte a los hijos nonatos como un derecho. Esto origina una confusión antihumana y criminal que va permeando a lo largo y ancho de nuestro país, de tal manera que, en la actualidad, son miles de mexicanos no-nacidos, asesinados mediante aborto. Como seres humanos, cristianos y ciudadanos de esta gran Nación, tenemos la grave responsabilidad de velar por el derecho a la vida y la dignidad de la persona desde su concepción hasta su muerte natural. La doctrina Social de la Iglesia nos enseña que: “… la dignidad de la persona es el auténtico fundamento de los derechos humanos, así como la justificación del orden político” (DOCAT 69). Como pastores, creyentes y ciudadanos, esta realidad, nos desafía y ante ella tenemos una grave responsabilidad humana social que no debemos eludir sino afrontar por todos los medios. La Encarnación nos recuerda el anuncio a María con las palabras del Ángel: “no temas”. Los seguidores de Cristo no debemos temer cuando se trata de defender la vida pues lo defendemos a Él y a su obra (Cfr. Lc 1,30). La cuaresma es una invitación y una oportunidad de corregir nuestros errores por consiguiente también el error de un silencio malsano que nos hace cómplices del crimen del aborto. De ahí que pedir perdón de nuestros pecados incluya el sincero arrepentimiento y dolor por el mal hecho, por la ofensa a Cristo y los males causados al hermano. Consiguientemente todos hemos de pedir perdón a los no nacidos por el aborto porque, con nuestro silencio, hemos contribuido a su muerte. Nuestra Pascua como Resurrección y vida es una luz que nos ilumina como Iglesia y nos responsabiliza de manifestar, vivir y ofrecer la luz del “evangelio de la vida” impulsando una valiente acción educativa a favor de la vida y promoviendo ampliamente la cultura de la vida. Que el Señor, Creador y dador de la vida, nos ayude y nos permita colaborar con El en este el primer don que a los humanos se nos ha dado. Nuestra Señora de la vida ruega por nosotros.

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